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Entrevista a
Milagros Albert Català
 

FITXA PER LA MONCADAPÈDIA / ARXIU DE MEMÒRIA POPULAR

 

Noms/ Cognoms

María Milagros Albert Català

Data de naixement

1933

Títol

Milagros Albert Catalá, mestra de costura, dona treballadora 

Temàtiques

Dona, treball, postguerra, Benagéber

Data i lloc de l'entrevista

Dimecres 7 d’octubre. Casa de l’entrevistada

Data de la publicació

Dijous 29 d'octubre de 2020

Equip entrevistador

Etnograma (Laura Yustas i Nelo Vilar)

Transcripció en PDF (fer clic per veure i descarregar)

Enllaç extracte: https://youtu.be/QFU4PS66HvI

Enllaç entrevista completa: https://youtu.be/6WIyzbDUgDo

 

Extracte de l'entrevista

 

Entrevista completa

Milagros Albert Catalá ha tingut una vida laboral sorprenent i ens la conta amb una conversa càlida i rica en detalls. Milagros va tindre un grandíssim interés per l’estudi, i des d’un context difícil va aconseguir aprendre suficient com per a ensenyar durant quatre anys a la Càtedra Ambulant de la Secció Femenina o després formant en Costura a les joves aprenents del Patronat Sant Jaume de Moncada. Això i la Jutera de Vinalesa, o el magatzem de Benagéber, a on va trobar al seu marit i a on ha viscut, compartint la seua sort amb els colons que venien exiliats per un pantà. Un riu d’històries que recollim com a patrimoni cultural immaterial de totes les moncadines i moncadins. Gràcies a Milagros (i a la seua filla Mila, que ens va facilitar el contacte) per la seua generositat al compartir amb nosaltres i amb el seu poble tantes històries interessants i tanta humanitat.

Sinopsi

Una conversa amb Milagros Albert Recatalà (1933) que recull la seua història de vida al voltant de l’educació vocacional, el treball a la Jutera de Vinalesa o com a mestre de Costura, i la seua família en San Isidro de Benagéber.

Transcripció

Yo me llamo María Milagros Albert Català.

¿Usted es de Moncada?

Yo soy nacida en Moncada, en la calle Ramón Villarroya. Allí mi padre era albañil y se compró un terreno, hizo una casita lo más... la puerta ancha y dos habitaciones y corral. Pero se la hizo en aquel tiempo él ya con mucho sacrificio. Y después el piso que teníamos era del Banco de Valencia, del Banco Bilbao que lo estaban quitando, i eran ladrillitos de esos chiquitines. Y mi padre los recogía, los llevaba a casa, les quitaba el portland, los pasaba por salfumán y hizo un piso maravilloso después... de todo, de todo... Era muy aficionado a los ladrillos éstos que tengo yo por ahí, todo eso; era muy aficionado a... Y hizo la casita muy bien, pero después vinieron “los churros” que digo yo, los de Benagéber aquí, y el destino pues me lo tenía reservado. Yo de aquí y el de allá que vino con trece añitos, nos conocimos y fue el primer novio y el padre de mis hijos, y siempre era un hombre muy trabajador. Muy trabajador.

Pero yo la sargenta, porque yo era la que decía: “no, no, tenéis que estudiar”. Y la que no estudie... alguna vez trataban de engañarme pero yo las pillaba todas. Y si no no las dejaba ir a alguna discoteca o cosas así. Era muy mandona, yo lo comprendo, pero después me han dado las gracias.

Le estaba preguntando si tienen un apodo de familia.

Sí, a mi marido le llamaban el Fortea. Fortea, los Forteas. Que hay uno que estava en el tren...

[5 min.] Y estamos muy orgullosos de los Lloria, que todos se quejaban de las chicas, y aquél tuvo tres hijas también, y un hijo que tuvo se le murió, de eso... Así que tres chicas, y yo tres chicas y el chico. Otro de Barcelona tres chicas y ningún chico, todo chicas. Otro así, pero bueno, valen las chicas valen, mira, si no ahí está. Pues a él le llamaban el Fortea, los Fortea.

¿Y usted tenía alguna...?

No, yo en Moncada no... Mi madre la Serrana, hija de María la Serrana porque mi madre cuando vino estaba en la fábrica de seda de ahí de Garín. Pues ella vino a trabajar, de lo que fuera vino a trabajar. Y entró... entraron en la portería, estaban de porteras mi abuela y su madre y todos allí. Y mi madre pues nació... yo nací allí y después cuando me casé ya te digo que mi padre hizo la casita y nos fuimos a la casita. Y después mi madre estaba enfadá porque tenía yo casi catorce años y fue pa ver si me colocaban allí en la seda para trabajar.

Sí, que no era fácil entrar.

No, no. Pues... y no me colocaron. Y a mi madre le supo fatal, y como no me colocaron yo me planté en Vinalesa. ¿Tú sabes lo que es ir a Vinalesa una chiquilla de catorce años a las cinco de la mañana, sin ropa que no...? Ahora da eso tanta ropa que tiramos y hay, pero entonces teníamos quita y pon que digo yo, lo justito, y pasando frío y calor, a Vinalesa. Y te ibas por la mañana a las cinco, tenías que entrar a las seis, venir a las dos o a la otra tarde que el turno era de las dos a las diez de la noche. Lloviendo, cayendo rayos, andando andando, no teníamos... nadie tenía coche ni bicicleta, después ya tenía bicicleta, mire y yo ya he ido con la bicicleta en el sillín y me he caído de colp... [risas]. Pero ya nos parecía que éramos algo, y ya cuando se compró un amotico ya los reyes del mambo. Coche no teníamos más que... todos todos de segunda mano o de tercera. El que tenía el maestro de aquí del pueblo [inintel·ligible] que todos los días tenías que empujarle, pero bueno... [risas] Así hemos ido y las chiquillas han estudiado, lo han sacao y como sabían lo que costaba... [5 min.] porque si no, ellas trabajaban. Cuando se hizo el almacén, ahí en Benagéber, pues yo hablé con el amo y le dije: mira, yo tengo las chiquillas pero a ver si el verano les das trabajo por favor porque se ganen algo, porque tenías que comprarles ropa... mis hijas nunca han llevao na de marca, todo...

Yo por fin... no os he contado lo principal, es que yo, como tenía tanto afán de aprender iba a Moncada a la Sección Femenina que se estilaba entonces. Y yo siempre, por lo que sea, por mi afán de aprender, siempre era el número uno y todos decían “qué lástima que esta chiquilla no estudie, porque el afán que tiene ella por estudiar...”. Y ya un día se plantan y Amparo Alfonso, que ya murió pobreta, que era la que había de jefa entonces —que era estupenda, era una mujer de esas que se dedica nomás a hacer el bien, a hacer el bien, sea a quien sea, todo lo que podía—, habló con mis padre y dice: “¿tú le dejarías a la chiquilla que se fuera? Yo le proporcionaría un curso de esos nacional, de la Sección Femenina”, y dice mi padre: “yo puedo pasar sin lo que ella gane, pero yo gastarme no puedo”, porque era albañil y el eso de albañil y tenía a los auelos, los padres de mi madre, que también habían venido, y también vivía con ellos. Vivían con ellos y eso es el recuerdo más triste que tengo de mi abuela, ¿eh?, que a la hora de comer nunca tenía hambre. Nunca tenía hambre. “Va, menge. -Que no, que no, que no tinc ganes”. Hasta que ya un día se ve que explotó y dice: “filla, com vaig a menjar jo si cada cullerà... —me entiendes el valenciano?—, diu, que cada cullerà que pegue jo els la furte als xiquets?”. Ella creía que cada cucharada que ella comía era una cucharada menos que teníamos nosotros, que mi hermano nunca tenía bastante porque era pequeño pero era joven y tenía ganas de comer y siempre... Y aquello me se quedó muy gravado. Y mi madre iba a enseñar a bordar a máquina, le daban patatas, le daban de todo, y mi padre pues íbamos pasando. Y hasta que me mandaron a un curso a las Hermanas Chabás primero, de tres meses, lo saqué todo bien y dicen: “cuando venga uno nacional tú te irás”, pero teníamos un problema: yo los estudios que yo tenía eran los elementales, yo no tenía el bachiller y para eso querían bachiller. Y yo decía: “yo lo sacaré, lo que sea; dadme que lo sacaré. ¡Cómo... [rises] cómo los presionaría yo para convencerlos de que me mandaran! Y me mandaron. Y lo saqué. Y lo saqué, y después... mira, me emociono cuando lo pienso, porque si tienes afán y tienes fe en Dios, yo he tenido mucha fe y muchas ganas de enseñar y de aprender, que mira siempre he sido feliz, me he conformado con todo. Porque después me casé cuando tocó casarme y entonces me tuve que venir aquí a vivir con suegra, porque... todos los mayores, los chicos mayores ya se habían ido, les habían dado también una casa, otra a la hija, y mi marido el pequeño, y dijeron: “pues la parcela -que llamaban esto-, las hanegadas de naranjos que las trabaje él, que se encargue de los viejos y de la casa”, y yo me casé y me vine aquí. Y vivía arriba, con dos habitaciones pero comíamos y todo juntos, todo. Y no es que me casé y me puse con suegra, es que mi suegra aún tenía suegra, y yo he vivido... soy la única que he vivido aquí con suegra y resuegra. “La Seño”, a mí me llamaban la Seño; la Seño porque había estudiado algo, había estudiado el curso y lo había sacado, y después ya cuando... después de sacado yo hubiera podido seguir porque hay muchas compañeras que siguieron, porque yo lo único que hice... claro, yo no era res... yo hice corte y confección, trabajos manuales y bordaos de toda clase que quieras de bordaos: si quieres bordar en oro, si quieres... Ahora no sé yo si me enseñaría, pero de toda clase de bordaos he hecho, cada día nos enseñaban un bordao: [10 min.] de Talavera y de historia y de… de todo. Y era muy bonito, ¿sabes?, que no era de eso. Y de cosas así pues claro, las que habían estudiado tenían más probabilidad que yo en todos los nombres pero yo me estudiaba alguno por si caía caía: me estudiaba... ¿que había, tres o cuatro exámenes? Pues decía: éste o éste, y me tocaban ésos. ¿Sabes?, Dios parecía que me ayudaba, y aprobaba, y aprobaba. Y mira, y así fue; entonces me casé y viví con suegra y resuegra, y a mí me han querido mucho mi suegra y mi resuegra y todos. Y así es que... Y ahora estoy aquí en un palacio de grande porque he podido casarles. Yo decía: yo he estado con suegra y resuegra pero si puede ser... no. Así es que cuando trabajábamos y todo para dar una entrada ahí a la CAM, primera casa del pueblo cuando se vendía, hablemos con ella y le dijimos: “te daremos para el hijo -porque entonces el hijo sí que le... parecía que al hijo había que hacerle casa y a las hijas no. Porque Isidro éste como era de Moncada pues sus padres le querían dar un... eso en Moncada. Y ellos querían vivir por aquí también. Y se vendía una casa aquí y lo pedimos, porque todas estas... yo claro, para quedarme con eso yo tuve que... mi madre tenía una hermana, y la hermana estaba en Valencia toda la vida sirviendo a un médico. A un médico que era... el alcalde de Valencia era el hermano; personajes todos. Todos tengo fotos y cosas de ellos, y me ayudaban mucho, de darme ropa, de todo. Y al final... al final hasta esta casa que aún faltaba casi la mitad por pagar cuando se murieron, y entonces dijeron... el amo me llamó y dice: “¿vosotros cómo... qué debéis? -Y yo digo: Ui, debemos...” no sé si eran 18.000 pesetas o 28.000, porque esto se valoró en 40 ó 50.000, muy barato, ¿sabes?, valía entonces, a precio de Instituto [de Colonización] y todo, por... Pero no había na, ni había cuartos de baño ni había na, yo me casé y a la cuadra a mear y a todo. Y ahí hay un cuarto de baño que ya lo hizo mi padre, pero tuvo idea el hombre de cogerlo a la altura de dentro, ¿sabes?, para entrar, que ahí había una cocinita y todo esto era na. Y mi padre pues... tuve mucha ayuda también con mis padres y he criado a mis hijas y ahora todos tienen su casa mejor que yo, porque yo lo que les digo: estos, hace frío, refrigeración; hace calor... todo. Yo nomás tengo una estufa y un mantoncico o una mantica pa las rodillas y au. Y yo he seguido inculcándoles que enseñen y la prueba la tienes que la mayor, Mila, tiene dos hijas las dos maestras. Y las dos ahora tienen plaza también.

Total, que al final nos iremos para allá y ya veremos qué pasa. Yo digo, chica, muy malas no hemos sido. Todo lo más nos tocará algo de... de eso...

¡De purgatorio!

Pero ya estamos pasándolo aquí, ahora. Yo digo: ¿no estamos pasándolo aquí, el purgatorio? Que no te creas, que no puedes salir porque si sales y d’eso parece que vayas a contagiar. Y a lo mejor te contagian. Yo no tengo ni que me van a contagiar ni contagiar, pero sí que se contagia. Porque tú fíjate lo que está pasando...

Y ¿qué hacía en Vinalesa?

¿Qué hacía? La yutera, de sacos. Una peste que hacía a sacos. Hacían... se hacía... era eso de sacos, material de sacos. Yute, pero en vez del yute... es blanco y es bueno, es... el saco es más basto...

Lo hacían de esparto a lo mejor.

Sí, algo así. Y íbamos... las chiquillas más jóvenes llevábamos una carretilla con unos ruletes que lo ponían así en las máquinas, y se iba haciendo una mecha una mecha y la mecha iba a otro sitio donde se hacían los sacos, y a nosotros nos hacían, [15 min.] con el carrito ese que era una cosa que arrastrábamos, que ni tan siquiera tenía una rueda, veas también qué poco conocimiento. Deseando que se fuera la luz para tumbarnos encima de eso y descansar [risas], de sueño que teníamos.

Porque ¿qué horario hacían allí?

Uy, de seis a una y de dos o una a diez de la noche. Pero cuando salíamos por la noche, la vez que me tocaba del turno por la noche, yo iba a estudiar al teatro, y salía... He sido artista. He sido artista. Y he hecho muchas cosas y muchas poesías... Buah... Poesías a la Virgen... a todo, a todo. Y ya te digo. Y he hecho teatro, que aún viven, aún viven...

Entonces usted trabajó hasta que se casó.

Yo aún no he parao de trabajar. Sí, porque después me dijeron de irme, porque yo después... Yo saqué eso, el título ése lo saqué, y después me mandaron como si fuera... para pagar los estudios, para compaginar lo que me habían enseñado yo trabajé... pues qué te diré, hasta que me casé. Cuatro años en la Cátedra Ambulante que me daban...

¿Ah, en la Cátedra Ambulante estuvo usted también?

Buf, en la Cátedra Ambulante... y tengo fotos, tengo lo que quieras saber de eso tengo. Estuve cuatro años con la Cátedra Ambulante, y pero a lo más nos pagaban 500 pesetas al mes y la comida, ¿sabes?, y eso. Íbamos a enseñarles a todas, pero... Las chicas tenían mucho afán por aprender. Y yo, para enseñarles teníamos poco tiempo, porque iban a trabajar muchos al campo, y venían allá a las nueve y media o las nueve hasta las doce o la una a aprender. Se necesitan ganas también, y tú te volcabas con ellas, como habías visto... Yo allí ¿sabes lo que tuve que idearme? Yo sé el sistema Martí, es el que yo saqué, el sistema Martí, pero ése es muy complicado y hay que hacer muchos patrones y hay que hacer... hay que estudiar también pa sacarlo, y yo me comprometo contigo o contigo que en una semana te enseño a hacer de todo lo que quieras: faldas en un día yo he enseñado a hacer aquí tres o cuatro tipos de faldas. Y tú dirás: ¿cómo puede ser? Pues puede ser, facilísimo. Y una vez te lo explique dices “uy, pues es verdad”. Yo me estudié la manera de que decía: bueno, cogía la cintura, la cadera y el largo de rodillas, y lo hacía. Y entonces, ¿qué querías hacer? ¿Una falda capa entera, de capa entera? Pues es muy fácil, tú coges al medio, doblas la tela, te haces la circunferencia de tu cintura y después vas midiendo largo, largo, largo, largo, y eso es una capa entera que dicen. Una falda que tú… a medida y lo otro todo va cayendo. Como no hay telas muy anchas tienes que valerte de un lado, añadirle un trozo así que si es dibujo que case bien o lo que sea. Y entonces si quieres de media es nomás la mitad, y si quieres de cuatro partes [risas] haces la falda justa y hacías las pinzas desde la cintura hasta la cadera. Que quieres debajo que tenga godets de esos que tienen un poco de forma, pues cortabas por el godet hasta la medida y a eso le dabas un vuelo de veinte... como había cuatro o cinco vuelos, a cada una le dabas el vuelo ése... En papel te lo prometo que lo he hecho y vas a ver... y lo saben, han hecho... Dices ¿cómo?, en cuatro días yo te enseño a hacer toda la clase de faldas que quieras. Y es un sistema que no te creas que hoy día porque no le damos aprecio porque todo lo que venden hecho no vale la pena. Esta mal cosido, porque no está perfecto, pero no vale la pena. Ni máquinas ni na. Pero que es bonito decir una cosa que tengas arreglármela o saber de dónde hay que entrar, saber de dónde hay que sacar y hacerlo. Eso mi hija Mila eso también lo hace. Esa además de maestra ahora como yo ya no me veo se le está ayudando a las chicas, [20 min.] se compran vestidos que a lo mejor dice: ay, este está bien pero es que hay que entrarle, y si tienes que entrarle o si hay que medir... Todas miden de arriba p’abajo, yo al revés, de bajo p’arriba. Yo ponía los zapatos y después del suelo el eso lo medía del suelo con una eso ponía una señal, iba poniendo la varita así y enseguida pasaba un hilván [tipo de puntada], lo doblaba... no hacía picos, hay quien de arriba... Mira, me estoy alabando pero es la verdad, es que es una vida muy bonita la que he tenido yo.

¿Por dónde iban con la Cátedra? ¿Trabajaban sólo por aquí o viajaban?

No, no. Por Ciudad Real. Montiel, Ciudad Real... Era todo... Mira, el alcalde de Ciudad Real se enamoró de la jefa de la Cátedra, que era una chica jovencita y él era un viejo, un señor de ésos machucho, pero tan señor, tan eso. Y ella era muy fina. Yo cuando me fui es que ya tenía echado el ojo a Miguelico y él a mí. ¿Sabes?, yo ya me fui de aquí con el compromiso de él, y allí ni me fijaba ni se fijaban porque no... ni daba pie yo ni tampoco... también... Los... que habían muchos por allí, había uno que era el gobernador de Ciudad Real, que aquel señor nos admiraba mucho a nosotros. Y aquél siempre dice que le hacía gracia yo porque yo decía la verdad; a mí me decían: “va Milagro, va, tómate una cervecita. -Y yo: ¿Una cervecita? -yo digo- Si a mí no me gusta. -Ay, pero es que así alternan”, o “Aprende a fumar -fumaban también; yo digo: No, si vale dinero y encima no me gusta, por alternar… no”. Yo soy así y así moriré que diga aquél. A mí no me hicieron ni beber ni fumar, y al gobernador aquél le hacía gracia, siempre me ponía a mí de ejemplo: “Mírala, esta no cae ni aunque le echen turrón, ella dice que no y es que no. -Yo decía: es que es verdad, encima que es perjudicio, siempre han dicho que era; el tabaco mata dicen, el no sé qué...”. ¡Anda!

Lo pasarían bien, ¿no? Chicas jóvenes, viajando por ahí...

Sí, sí, muy bien, sí. Nos queríamos mucho y... Sí. Después ya hemos perdido porque ya... algunas se habrán muerto ya. Ya después yo pues ya... te haces, a lo primero sí que nos carteamos. A la boda mía vinieron, buah, vinieron hasta todas las jefes vinieron, de Madrid aquí. Ahí del Empalme, a la casa ésa que había ahí en el Empalme, que era de la Sección Femenina, una casa muy bonita que hay ahí, ahí se quedaron, vinieron todas, ¡uy!, se había casado con un labrador, y mi marido era muy majo, y es.

¿Y ya después de casada?

Bueno, me casé y después intentaron que me fuera de profesora así a algún sitio. Pero quién se iba con dos, si eran dos ya. Dos. Mi marido se iba, los abuelos poco... ¿Sabes?, los abuelos, porque estos sí que eran de pueblo cerraos. Veas si va diferencia de mis padres a éstos; éstos eran, ¿sabes? de aquéllos que mi suegro pobre pues no había más también. Aquél decía que... ¡uy, a él le iban a hacer creer que por allá habían aviones que llevaban tanta gente! “Lo que quieran decir; a mí no me la pegan” [risas]. Y se convencía. “Yo sí que he corrido, que he cruzado el Ebro en barca”. Había cruzado el Ebro en barca porque iban a segar; iban a segar trigo, y él había cruzado el Ebro en barca y estaba que había corrido mucho mundo. Y eran ignorantes pero porque no habían tenido más enseñanza. Muy buena gente porque también lucharon mucho por...

Trabajadores honrados.

Trabajadores que se iban a todo por ganar una peseta, porque... No había, aquí no ganada nadie más que mi marido, por eso iba al campo, y él... Pero mi marido también era muy listillo porque enseguida encargado, él era encargado. [25 min.] Después en Moncada a mí me querían hacer... cuando hacían concejales de eso, yo no he querido ser. Cogían a mi marido. Mi marido concejal de... y era concejal pero de... no era de ningún partido, mi marido decía: “a mí, para mí nomás hay buenos y malos. Jo dels bons, però jo no...”. No quería ser de ningún partido de inclinarse, y estaba por el campo, electo por el campo, por... Y era concejal, que ahora aún está Isidro Martínez...

Claro, le hemos entrevistado, Isidro es un amigo...

Isidro es mi consuegro. Es una eminencia de hombre. Fíjate lo que son las cosas. Isidro, entre él y yo podíamos tener de libro escrito de versos... Él de la nada hace un verso. Versos, versos...

Sí, nos los estuvo enseñando...

Sí, pues yo también he hecho algo igual. Mira: consuegros.

Y ya no fui más a trabajar más que...

Ya tenía bastante trabajo, ya...

Tenía trabajo y después aquí sí que les enseñaba yo, y a Moncada aún me pillaron cuando fundaron el Patronato, don Jesús Pla aquél siempre estaba detrás de mí para que yo fuera de Acción Católica. Yo decía: mire, yo soy de la Sección Femenina porque les tengo que agradecer que me han enseñado. Pues yo ahora tengo que enseñar... que no me han enseñado nada malo, porque la hermana de José Antonio Primo de Rivera, una señora maravillosa, buenísima, que es la que hizo algo... contra la mujer y empezó a menear lo de la mujer y todo. Y yo siempre me han enseñado el bien. Yo digo: pues ya estoy haciendo el bien ahí, pa qué quiere que esté ahí y ahora en eso también, ¿usted se hace la competencia? Pues se la hizo, porque el día que se casó no me casó él. Yo quería que me casara él porque había hecho los cursillos prematrimoniales con él, habíamos hecho... nada, decía de comprar un metro de suelo para... eso: comprábamos un metro de suelo. Y después aún me cogió para dar clases en el Patronato, hasta que... yo no podía darlas oficialmente porque no tenía el curso de maestra, no lo tenía. Yo fui a dar cuando se daba la canastilla, que daban opción... a las que estudiaban maestra tenían que hacer una canastilla de bebé; si camisetas para un crío de bebé, enseñábamos cómo se hacían la ropa y todo. Entonces, esos primeros años, que hay muchas que viven aún y yo les he dado clase, allí dos o tres... Una que le llaman Fina que vive...

Fina Lluesma?

Sí, que vive allí...

Al lado del Musical. La conocemos también.

Pues esa también me conoce a mí. Esa le he dado yo clase. Y a Remedios Alfonso, que ya ves Remedios Alfonso que es la que tiene...

No la conocemos.

Sí, sí que la conoces, que es maestra y vive ahí en Masías. Ella y la hermana que tenían... ¿Detrás de la estación de Moncada no había una guardería? Pues ésa, la que tenía la guardería. Tenían la guardería ésa dos hermanas. Una es maestra que se dedica a maestra y la otra estaba en la guardería. Pues a ésa también le he dado clase, a muchas hay que les he dado clases pero de labores. Un par de años y les hacía hacer pedazos, zurcidos, todo lo más elemental. Pero como ahora se hacen los rotos y los llevan rotos y los deshilachan [risas]. Ya tuve bastante, y en después críos y mi madre y mis nietos. Aquí había mes que estaba la suegra y la suegra de mi suegra, y yo pues iba con amoto y estaba en estado y me decían: esta va a malparir, decían que iba a malparir yo por ir en moto, porque había muchos baches, no es como ahora. A malparir. Gracias a Dios cuatro hijos, cuatro que llegaron a buen término [30 min.] y todos sanos y salvos, y así han seguido. Y listos más que su madre.

Cuando usted vino aquí sería el año cincuenta y pico, claro.

El año 59 me casé.

No llevaba mucho tiempo hecho esto tampoco.

Qué va, qué va, qué va...

(...)

Si vosotros hacéis un resumen de la gente pues hay muchas formas de vivir, ¿sabes?, pero dentro de to lo mejor que hay es resignarse con el destino de cada uno, ¿sabes? No ambicionar una cosa que ves que no es fácil conseguir. Ahora sobre todo pues quererse mucho y aquí mis hijos y mis todos se matan... si uno te necesita todos enseguida a servir a los demás y aquí antes en el pueblo había una costumbre muy buena: que aquí se quemó... el almacén este se quemó porque había un... mi marido ha tenido muy buenas amistades y tenía un señor que propuso hacer el almacén y tener fruta, ¿sabes?, y dijimos, pues mira la gente podrá... como servía de almacén, ganarse algo. Pero tuvimos mala pata que al poco tiempo se quemó. Ya no... Se quedó al contrario, mal, la escayola y todo no, ya no... Pero este señor tenía muchas fincas por ahí arriba. Mira si se apreciaba que le daban a mi marido terreno pa que lo plantara y después la mitad pa él. Por criarlo y... por criarlo y un... paga menos, ¿sabes? Pero él ya no quería. Entonces ya estábamos aquí con las chiquillas, ya me había ido yo, dice: ahora nos vamos los dos y los padres y todo, y no quisimos. Y seguimos todos aquí y aquí estamos.

¿Y qué contaban mu marido y sus suegros de la venida de Benagéber hasta aquí? Supongo que sería dura para ellos.

Uy, dice que vinieron en un camión. En un camión con el polvo de la carretera, ¿sabes?, que vinieron aquí de noche y aquí había nomás que... estaba a mitad hacer, no había más que dos o tres casas. Y nada, un desastre. Pobrecicos, los metieron y a veces ellos, como eran familias, aquí había tres hermanas juntas: mi suegra, al lado la hija que se casó con una consuegra, y al lado una hermana, que son los Vanaclocha y ésos, que son también muy famosos, los toreros que llaman. Pues esos también son familia, eran todos en tirereta, ¿sabes?, todos familia [risas], si te soltaba uno te cogía el otro. Pero éramos... bien, felices.

Claro, la venida supongo que muy pesada para ellos, durante... además se les haría largo también.

Mucho, mucho. Y hasta que se acostumbraran, y tú imagínate lo que te digo, yo que estaba acostumbrada a alternar más por ahí, aquí venir y el váter ahí con la cuadra, tenías que ir con el caballo, cualquiera te se iba las ganas de mear y de to ahí. Hasta que mi padre dice: esto no puede ser, si esto está hecho con na, decía mi padre. En un instante hizo el cuarto de baño ése, lo pilló dentro y lo hice, y ya teníamos cuarto de baño y ya era otra cosa. Después arriba tengo otro que había un armario pues también tenemos un cuarto de baño entonces teníamos dos arriba, el de abajo es completo con bañera y to y arriba no. Íbamos mejorando.

Al principio a lavar a la acequia me imagino...

[Risas] No, yo aún lavo a mano. Y tengo lavadora. ¿Sabes lo que hace que la he comprado? Tenía una que de tan buena que era, que mi hermano estaba en el Corte Inglés, trabajando, era de [inintel·ligible] y me compró la mejor que había. Y tan buena era que se tiraba dos horas pa calentar el agua, pa prelavar, y te ponían unos nervios... Tacatac, tacatac, la ponías y tacatac, tacatac... yo digo: ésta va a gastar más luz que agua. Yo la metía, pam pam pam, jabón, la dejaba con jabón, pam pam pam, lavada, seca... Nunca he tenido tiempo. [35 min.] Y ahora tengo un secadero y la ropa, mía y to, la lavo diaria porque así estas cosas las lavas no se ensucian, con un poquitín de agua. Y la lavadora la pongo pues pa toallas una vez o las sábanas. Pero na. No he tenido... no he gastado lavadora ni cosas así.

(...)

Entonces funcionaba el manicomio, y mi padre podría haber entrado allí de conductor o de algo así, pero él era albañil, y él estaba para hacer algún remiendico de algo, pero bueno, pero tenía su paguita, ¿sabes?, que trabajaba allí. Y las monjas también vinieron, las monjas de allí, a mi boda [risas], vinieron cuatro, no faltó nadie.

(...) Pero era muy eso, mi madre, era... la quería todo el mundo también.

Pues sí, gente trabajadora y gente honrada.

Y colaboradora en la iglesia, ya te digo: ir a abrir y a cerrar. Era una responsabilidad. Y una vez [risas] se llevó a la de la esquina y se cayeron las dos, aquélla le tiró y se cayeron escaleras abajo, sí. Mi madre no se hizo na pero la mujer aquella sí que se hizo, sí. Por ayudarle... estaba ella pa que la ayudaran.

Aquí hambre no se pasaría después de guerra.

No, pero yo me acuerdo de lo que te he contado de mi abuela, que eso es lo primero antes de ir yo tan siquiera a Vinalesa, ¿sabes? Ya cuando fuimos a Vinalesa pues ya ganaba algo también, que me cotizaron, ¿eh? En Valencia eso todos los días, aquello me valió mucho para la cotización. Porque después de la Sección Femenina eso no nos cotizó casi que na. Yo porque...

Ah, ¿sí? ¿En cuatro años?

Yo porque estuve... Eso me valió pero me valió poco porque después fui al almacén aquí también. Al almacén este, el almacén era nuestro y fui a trabajar como dueña, en parte. A trabajar, y también estuve muchos años aquí. Uy, ellas estaban estudiando ya con el novio y to.

(...)

¿Y con la família Moróder tenían relación aquí los colonos?

¡Uy, qué me dice la família Moróder! Con decirte que estuvo a punto de quitarme el novio... [risas] Dice: “Un morenazo...”, y yo venía siempre cuando... iba a verlo, y estaba enamorá de él y se lo dijo. Tiene una foto que está bailando con él y todo. Y como ahora... y es de ésas que dice que estaba enamorado de él, pero claro, se tenía que casar con un Moróder, y mi marido pues era un chiquillo un poco más joven aún que ella. Y yo decía, mira, pues he podido yo más que la de Moróder [risas]. Sí, pero ya te digo, todo esto con una comida juntos, ¿sabes? El marido no, el marido era serio, el hombre era serio y saludaba y to, pero ella, ella lo decía así. El hombre a todo el mundo saludaba y todo, y un día nos hicieron una comida allí también a todos. Hicieron paellas y fuimos todos a comer allí.

 

 

 
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